EN EL CORAZÓN DEL MUNDO, EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
Sábado, 6 de Diciembre de 2008 por CEI
EN EL CORAZÓN DEL MUNDO
EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
-Los laicos en Aparecida-
La mayoría de los miembros que configuran la RAI está compuesta por laicos y laicas cercanos a la espiritualidad ignaciana, este número y probablemente alguno de los siguientes van a profundizar esta espiritualidad a través de la profunda experiencia del espíritu, que se ha manifestado en la Congregación General 35.
Pero otro acontecimiento eclesial anterior, la Conferencia Episcopal de Aparecida apenas ha encontrado eco en nuestra revista Corresponsables, por ello es necesario recuperar este horizonte latinoamericano de nuestra Iglesia.
Por supuesto que la Conferencia de Aparecida, el V CELAM, estuvo configurado por una inmensa mayoría de Obispos, es natural pues se trata precisamente de una conferencia de Obispos de todo el continente, en ella hubo una representación muy pequeña de laicos y laicas que pudieron manifestar algo tan claro, que la Iglesia no se limita a la jerarquía sino, en la misma comunión, todo el Pueblo de Dios.
Este pueblo de Dios está ampliamente presente a lo largo y ancho del documento final de la Conferencia, pero de manera específica en el capítulo V, al hablar de las vocaciones específicas, trata siete párrafos sobre los “fieles laicos y laicas, discípulos y misioneros de Jesús, Luz del mundo”. Precisamente, lo que vienen a decir estos párrafos es que los laicos y laicas como misión propia y específica, con su testimonio y actividad son ellos mismos y ellas mismas luz del mundo.
Aparecida retoma del documento de Puebla una expresión que es la clave de lectura de todo su mensaje: “los laicos y laicas son hombres y mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia” (Aparecida 209). Es una expresión audaz y en clara continuidad del Concilio Vaticano II que situó el tema de Pueblo de Dios en el corazón de su eclesiología expresado firmemente en la Constitución sobre la Iglesia “Lumen Gentium”. De esta manera el Documento de Aparecida, al hablar específicamente de los laicos se pone en la misma línea del Vaticano de Medellín y de Puebla al que cita expresamente.
Señala claramente como ámbito propio de los laicos y laicas “el mundo basto y complejo de la política, de la realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de la ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los mass media, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia, la educación, el trabajo profesional” (Evangelii Nuntiandi 70).
Insiste el Documento en el testimonio y actividad que contribuya a la transformación de las realidades y a la creación de estructuras justas según los criterios del evangelio. Hacer creíble la fe mostrando autenticidad y coherencia en su conducta. Insiste en que los laicos tengan una formación sólida, doctrinal –hubiera sido mejor decir «teológica»- pastoral y espiritual.
Pide a los pastores que tengan una mayor apertura de mentalidad para acoger el “ser” y “hacer” de los laicos en la Iglesia. Reconoce el fortalecimiento de los movimientos laicales y los consejos parroquiales diocesanos y nacionales donde participen en un mayor discernimiento y asuman mayor responsabilidad e identidad.
Termina el apartado en una expresión claramente inspiradora: “la construcción de ciudadanía en el sentido más amplio, y la construcción de eclesialidad en los laicos es uno solo y único movimiento” (Aparecida 215). Con estos rasgos inspiradores y parafraseando una expresión que parece continuamente en el Documento de Aparecida, se ha ganado en claridad, belleza y alegría de ser laicos y laicas en América Latina, nuestros Obispos de manera todavía intuitiva nos ofrecen una serie de rasgos que pueden fomentar una comunión de Iglesia en fidelidad creativa… en las dos direcciones.